
A veces pensamos que una familia que hace chistes y se ríe mucho es una familia que no tiene problemas. Pero, leyendo a Salvador Minuchin, me di cuenta de que no siempre es así. Él cuenta el caso de una familia que llegó a su consultorio con una radio a todo volumen, hablando todos al mismo tiempo y contando bromas.
A simple vista parecía alegría, pero Minuchin vio otra cosa: una estrategia para que nadie hablara de lo que de verdad dolía. Es como cuando subes el volumen de la tele para no oír que los vecinos están peleando; en esta familia, el ruido servía para tapar el vacío
Lo que más me llamó la atención del texto es el caso de Michael. Él está casado con Cathi, pero parece que está más unido a su mamá que a su propia esposa. Minuchin llama a esto una "díada", que es básicamente cuando dos personas se pegan tanto que dejan a los demás afuera.
Aquí es donde entra el concepto de familia psicosomática. En estas familias, la gente está tan "amalgamada" (tan pegada) que es difícil saber dónde termina uno y empieza el otro.
Por eso, cuando alguien intenta crecer o irse, el sistema se asusta y aparece un "síntoma". En este caso, Joanne, de 17 años, empieza a irle mal en la escuela. No es que no sea inteligente, es que su fracaso escolar es la excusa perfecta para que la familia no tenga que enfrentar el miedo de verla crecer y marcharse.
Para mí, lo más valioso de lo que plantea el autor es que el trabajo del terapeuta no es "arreglar" a la hija que va mal en la escuela, sino arreglar el mapa de la familia. Hay que poner límites.Michael necesita ser más esposo y menos "hijo de mami".
Joanne necesita permiso para ser independiente sin sentir que está abandonando a su mamá.
Me hace pensar que, en muchas de nuestras casas, a veces nos enfermamos o nos metemos en problemas solo para mantener a la familia unida. Pero la verdadera salud familiar no es estar pegados todo el tiempo, sino saber que podemos irnos y que la red no se va a romper.
Al final, el artículo de Minuchin me deja una gran lección: para que una familia funcione, el amor no puede ser una cárcel. Necesitamos menos ruido de radio y más conversaciones valientes.
Solo cuando cada quien ocupa el lugar que le toca (los padres como pareja y los hijos como individuos), es cuando realmente podemos empezar a sanar.





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